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NBA 2K (1999)

Los videojuegos deportivos siempre han sido una seña de identidad de SEGA. Ya en la época de los 16 bits, el catálogo de Mega Drive ganaba por goleada (nunca mejor dicho) al de Super Nintendo en lo que a títulos deportivos se refiere. En esa búsqueda de un público algo más adulto, SEGA no dudaba en emplear un buen presupuesto en la adquisición de licencias tanto de competiciones como de personalidades del mundo del deporte, e incluso llego a publicar varios títulos bajo el subsello de SEGA Sports para destacar más aún esta intención.

Por eso no es de extrañar que a finales de los 90, junto al lanzamiento de su nueva consola Dreamcast se preparase toda una estrategia alrededor de los títulos deportivos. Por un lado, la nueva videoconsola tenía capacidad suficiente para tener ports muy fidedignos a las máquinas recreativas deportivas de SEGA como Virtua Tennis o Virtua Striker. Por otro, la idea era sacar títulos exclusivos para su consola que hiciesen la competencia a las sagas de éxito de Electronic Arts, que no iban a formar parte del catálogo de la consola de SEGA. Es bajo este caso donde surge NBA 2K.

NBA 2K fue un encargo de SEGA a Visual Concepts, una veterana compañía que tenía experiencia en el desarrollo de videojuegos deportivos para Electronic Arts durante toda la década de los 90. Además, concretamente basado en la NBA, había desarrollado NBA Action 98 para SEGA Saturn y NBA Fastbreak’ 98 para PlayStation ya bajo la distribución de la propia SEGA.

Para hacer frente a la saga NBA Live, el videojuego de Visual quería plantear una experiencia más cercana a la simulación y con un estilo más realista, donde fuese complicado que se dieran situaciones inverosímiles que no pudiesen verse en un partido real. El desarrollo se centro en dar un sistema de control propio que permitiera generar una variedad de situaciones más amplia pero que también elevara la posibilidad de fallo en el caso de no hacerlo correctamente. De esta manera, se dio especial énfasis al tratamiento de las posibilidades de éxito de un tiro respecto a la posición de lanzamiento en la cancha, la cercanía de rivales dispuestos a puntear y las características propias de cada jugador. Esto también requirió de un trabajo profundo con la inteligencia artificial de los jugadores controlados por la máquina.

El aspecto técnico fue también aclamado por la crítica, algo lógico ya que la exclusividad de lanzamiento en Dreamcast posibilitaba trabajar con una arquitectura única y poder explotar al máximo una máquina que, como ya hemos comentado, era capaz de traer la experiencia gráfica y jugable de las máquinas recreativas. A este buen trabajo gráfico lo completa un apartado sonoro que cuenta con los comentarios de Bob Fitgerald y Rod Brooks (periodistas de la KNBR, referente de la radio deportiva en Estados Unidos por aquella época), aunque no se usaron sus nombres reales.

El videojuego funcionó muy bien y aunque la crítica comentó que no estaba pulido, sí indicaron que era lo suficientemente sólido como para empezar una saga consolidada. Pero lo más importante fue la recepción del público que adoptó muy positivamente los cambios en la jugabilidad y los poseedores obtuvieron un halo de exclusividad al tener el juego de NBA que realmente le daba sensaciones de estar ante un partido de NBA.

Como era de esperar, la saga continuó en Dreamcast dos ediciones más hasta la descontinuación de la consola, aunque NBA 2K2 ya dejo de ser un lanzamiento exclusivo de SEGA para tener enfrentamiento directo con la saga NBA Live. La ediciones quinta y sexta, contaron con el patrocinio de la cadena de televisión ESPN que, además, formo parte del nombre de las dos entrega. En 2005 Take-Two Interactive compró Visual Concepts y se hizo con los derechos del juego, por lo que empezó a distribuirlos bajo el sello 2K, llegando con esta distribución hasta nuestros días. A lo largo de los años, la popularidad de la saga fue aumentando hasta desbancar a NBA Live, que terminó desapareciendo.

En este vídeo podéis ver cómo es el juego:

Keystone Kapers (1983)

La saturación del mercado del videojuego en la famosa crisis del 83 que afectaba principalmente a Atari 2600, hizo que hubiese una cantidad ingente de títulos a la venta que, en la mayoría de los casos, tenían una calidad cuestionable. Solamente en 1983 se lanzaron cerca de 200 videojuegos, lo que hacía especialmente difícil separar la paja del trigo y encontrar juegos destacados dentro de las propias limitaciones del hardware de la consola de Atari.

Una de esas honrosas excepciones es Keystone Kapers, un videojuego publicado por Activision y desarrollado por Garry Kitchen, responsable del port de Donkey Kong para ColecoVision. El título del juego tiene su origen en Keystone Kops, una serie de películas cómicas mudas estrenadas entre 1912 y 1917, protagonizadas por una serie de policías estereotipados que ponían de manifiesto su incompetencia detrás de cada escena. Ese mismo término ha sido usado popularmente en el mundo anglosajón para critica cualquier evento que haya sido llevado con poca habilidad.

En el juego tomamos el rol de uno de estos policías, Keystone Kelly, que tiene como misión dar caza a un ladrón que acaba de realizar un robo dentro de un centro comercial y aún no ha salido del mismo. Debemos apresar al ladrón antes de que se escape del tejado, de que perdamos todas las vidas o de que se nos acabe el tiempo límite para lograrlo. Para ello tendremos que perseguirlo por toda la maraña de ascensores y escaleras mecánicas que componen los grandes almacenes con la ayuda de un pequeño minimapa en la interfaz que nos indicará la posición del caco en todo momento.

Pero no va a ser una tarea fácil, ya que el centro comercial tiene todo tipo de peligros como pequeños biplanos, pelotas, carros de la compra sin control, que debemos ir esquivando a base de agacharnos y saltar para evitar ir perdiendo vidas. Si conseguimos atrapar al ladrón, pasaremos al siguiente loop acumulando más puntos mientras más tiempo nos sobre en el cronómetro. Puntos que serán de vital importancia para aguantar varios loops, ya que conseguiremos una vida extra cada vez que acumulemos 10.000.

Aunque estemos ante un videojuego conceptualmente bastante simple, hay que destacar el trabajo de Kitchen desde el punto de vista técnico. La inclusión de varias plantas, elementos con distintos tipos de movimientos y el minimapa totalmente animado, hace que Keystone Kapers esté muy por encima de otros videojuegos de la época para la misma máquina. Más mérito aún con las restricciones de memoria impuestas por Activision, 4 kb por cartucho, por lo que el desarrollador tuvo que descartar algunas de las ideas y elementos de la idea inicial.

Tras el lanzamiento original en 1983 para Atari 2600, en 1984 se publicaron conversiones para MSX, ColecoVision y Atari 5200, destacando esta última por la inclusión de banda sonora y un selector de niveles. Aunque con la saturación de títulos de la época no fue tan destacado como debiese, si es cierto que de forma retrospectiva se le ha terminado poniendo en su sitio y, aparte de aparecer en diversos recopilatorios de Activision, la revista Retrogamer lo puso en el puesto 11 en la lista de mejores videojuegos de Atari 2600.

En este vídeo podéis ver cómo es el juego:

Galería de los Horrores XVIII: Gran Hermano, el juego (2000)

Si hubo un evento social que marco el año 2000 en España fue la llegada de la primera edición de Gran Hermano a la parrilla de televisión. El formato, que se había estrenado en Holanda un año antes, fue una verdadera revolución y hizo llegar a los programas reality a la televisión española para nunca marcharse. Tanto es así, que es precisamente España es uno de los países donde el programa ha tenido un mayor número de ediciones canónicas, con un total de 18, por no hablar de los diversos spin-offs.

El éxito de la primera edición trascendió más allá del propio programa de televisión y todo tipo de productos relacionados, aunque fuese fugazmente, con el programa fueron puestos a la venta y con un éxito notable. El mundo del videojuego no quedó exento de este fenómeno y se concedió una licencia oficial para el lanzamiento de un videojuego con el título de Gran Hermano en su caja. En España se aprovechó el éxito de los lanzamientos en kioskos de videojuegos para utilizarlo como principal medio de venta del título.

No obstante, el origen del juego en sí no está en España. Bajo el nombre de Big Brother: The Game, fue lanzado en Alemania donde el programa fue emitido previamente a la edición presentada por Mercedes Milá. El juego fue desarrollado por Lost Boys (cuyos miembros terminaron en el futuro formando parte de Guerrilla) y publicado por Soft Machine. Infogrames se encargó de la distribución vio el negocio claramente, por lo que se dedicó posteriormente a distribuirlo por toda Europa adaptándolo a los concursantes de cada edición internacional.

¿Pero de qué va el juego de Gran Hermano? ¿Un simulador social? ¿Un juego de trivial? ¿Un clon de Los Sims? Nada de eso, se trata de un clon de Pac-Man. Probablemente la urgencia del lanzamiento y la falta de ideas dio como camino más rápido el utilizar mecánicas de los albores del videojuego y hacer adaptaciones ad-hoc que se limitan a aspectos estéticos para adaptarlos a cada país.

Gran Hermano, el juego nos presenta el clásico comecocos en tres espacios diferentes relacionados con el programa: el jardín, la casa y el plató de la gala. Cada uno de ellos divididos a su vez en tres niveles. Para hacer las veces del personaje amarillo del clásico de Namco, el título nos permite elegir entre uno de los concursantes de esta primera edición de Gran Hermano que están representados de forma caricaturesca. El aspecto de los mismos es lo que varía entre país y país al hacer las caricaturas de los concursantes correspondientes. Una vez elegido nuestro personaje protagonista, el papel de fantasmas lo tomarán el resto de concursantes de forma aleatoria hasta completar el número de tres enemigos.

En cada uno de los niveles tendremos un sucedáneo de los puntos de Pac-Man. A saber: hierbas y un huevo como activador de poder atacar al resto de enemigos en el jardín, snacks y tabletas de chocolate en la casa, y monedas en el plató. De forma aleatoria también aparecen otro tipo de objetos que nos aumentan los puntos y cintas de vídeo de colores que, al coleccionarlas, desbloqueamos vídeos con fragmentos del programa de televisión. Obviamente el objetivo final es desbloquear todo el material videográfico sobre el programa, el cual se completaba con una pequeña base de datos con datos del programa y los concursantes.

Como clon de Pac-Man no es que este del todo mal y los gráficos tienen su cierta gracia, pero está claro que en pleno 2000, fusilar el comecocos para aprovechar una licencia no deja de ser una verdadera sinvergonzonería. Prueba de ello es que en la parte de atrás de la caja, se limitaban a poner capturas de los vídeos en vez del videojuego en sí. No obstante, el experimento no salió del todo bien ya que a pesar del éxito sin precedentes del programa de televisión, eso no se tradujo en ventas del videojuego. Aunque en Alemania llegó a editarse una segunda versión correspondiente a la segunda edición del programa, fue algo que en España particularmente no ocurrió y fue uno de los pocos casos fallidos del merchandising del programa por aquella época.

En este vídeo podéis ver cómo es el juego:

Street Sports: Baseball (1987)

Hace bastante tiempo hablamos de Street Sports: Basketball, un videojuego de baloncesto callejero que tuvo una cierta repercusión en Europa (concretamente en España gracias a su inclusión en sus lanzamientos de serie media), pero que no era el primer títulos de la saga Street Sports que posteriormente se completó con Street Sports: Soccer y Street Sports: Football. El primer videojuego lanzado por Epyx en esta saga fue Street Sports: Baseball que, debido a la falta de popularidad del deporte fuera de Norteamérica, su repercusión prácticamente se quedó en Estados Unidos pero con el suficiente éxito para continuar la saga, aunque por fechas de lanzamiento, probablemente Street Sports: Basketball y Street Sports: Baseball se desarrollaron en paralelo.

Como es habitual en la saga, el juego nos presenta la experiencia del deporte callejero de un grupo de chavales de cualquier barrio de Estados Unidos. Tan solo podemos realizar un partido simple y, en esta ocasión, sin posibilidad de elegir nivel de dificultad en el caso de jugar contra la máquina. Lejos de estar en una cancha oficial, el videojuego nos da dos posibles escenarios: una zona de jardines que nos evoca a las historietas de Charlie Brown y un aparcamiento. Posteriormente, se lanza una moneda al aire para decidir qué equipo selecciona sus integrantes primero de una extensa lista de chicos y chicas que son viejos conocidos de la saga. De esta manera, tendremos conformados los dos equipos de ocho integrantes a los que además definiremos el orden de bateo.

Una vez salimos al terreno de juego, empezamos un partido de béisbol simplificado en los que objetos cotidianos sustituyen los elementos necesarios (por ejemplo, las bases son tapas de cubo de basura). La pantalla está dividida en dos partes principales: a la izquierda se desarrolla el partido en sí con cambios de plano entre los momentos de bateo y recepción; y a la derecha se nos muestra un mapa esquemático con los distintos sucesos del juego. La interfaz se completa con el marcador en la parte superior superpuesto en una valla.

A partir de ahí tenemos el desarrollo del partido, con todos los problemas de dinamismo clásicos que conllevan este deporte a la hora de llevarlo al mundo del videojuego. El sistema por turnos, la precisión en el bateo, los cambios de plano y la falta de niveles para su errática inteligencia artificial, hace que el juego no esté del todo redondo y la experiencia sea menos satisfactoria que la del lanzamiento basado en baloncesto.

No obstante, esto no hace que la experiencia sea mala de por sí y tenemos muchas de las grandes virtudes de la saga. En todas sus versiones (Apple II, PC y Commodore 64) la ambientación está muy lograda y realmente se siente como estar jugando en la calle, desde la selección de compañeros hasta los distintos obstáculos que podemos encontrarnos en los irregulares terrenos de juego.

Sin ser el mejor, Street Sports: Baseball es un buen exponente de las luces y sombras de la serie: excelente ambientación, jugabilidad simplificada y escasez de opciones. Dependiendo de cuales de estos factores sea más importante para el jugador, el juego será para él o no… y esto es extensible para el resto de entregas.

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Carnival (1980)

Si hay algo icónico dentro de las ferias a lo largo y ancho del planeta son las galerías de tiro, donde la muchachada de diversas épocas ha puesto a prueba sus habilidades de puntería. De esta popularidad se entiende que los videojuegos que simulan galerías de tiro fuesen de las primeras ideas que urgieron en los albores de los videojuegos. Carnival es un título desarrollado por Gremlin, con programación de Lane Hauck, y llevado a los salones arcade en 1980 por parte de SEGA con la intención de llevar la experiencia de las ferias al ocio electrónico.

Carnival nos presenta el clásico puesto de tiro de feria donde nos encontramos con tres hileras de animales que hay que abatir a base de balines y con unos banderines sobre una ruleta que se encuentran en la parte superior. La experiencia hay se traslada a las dos dimensiones, por lo que los animales de distintas filas es como si estuvieran unos detrás de otro y el de delante tapa la trayectoria hacia el de atrás y, por tanto, también hacia los banderines del final.

Nuestra escopeta se controla con un botón de disparo y el movimiento horizontal de la misma que, según la versión del arcade, estaba controlado por dos botones o un joystick. En la parte inferior se nos indica la munición restante y hay que intentar abatir los distintos animales: buhos, conejos y patos, cuya puntuación va en aumento según la fila sea más alta. Hay que tener en cuenta que, eventualmente, los patos de la fila inferior pueden convertirse en patos reales, empezar a volar y comer parte de nuestra munición. Dicha munición, indicada en la parte inferior de la pantalla, es limitada pero puede recuperarse abatiendo carteles especiales con números, de tal manera que nuestro munición aumentará con tantas balas como indica el cartel.

Por otro lado, podemos encontrar en las filas las letras que componen la palabra «BONUS», las cuales nos pueden incrementar o decrementar momentáneamente tanto la puntuación como la munición. El nivel se acaba cuando todos los objetivos son abatidos, obteniéndose puntuación extra por la munición no utilizada. Tras esto pasamos a un nivel especial en lo que supone la primera fase bonus de la historia de los videojuegos. En dicho nivel, con munición infinita hay que disparar a un oso con una diana antes de que se vaya por uno de los laterales de la pantalla. Cada vez que le acertamos, el oso cambia de dirección e incrementa la velocidad, haciendo cada vez más difícil acertarle hasta que finalmente se va por uno de los laterales. Tras esto se reinicia el loop con la dificultad aumentada.

A nivel gráfico tenemos la sencillez propia de la época pero con unos sprites lo suficiente bien diseñados como para reconocer cada uno de los elementos. Como banda sonora escuchamos una versión de Sobre las olas de Juventino Rosas, muy asociado en Estados Unidos a las ferias.

La experiencia jugable resulta bastante entretenida y el juego funcionó lo suficientemente bien como para que SEGA desarrollara versiones domésticas para Atari 2600, ColecoVision e Intellivision a partir de 1982.

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Paris Dakar 1990 (1990)

Con motivo de la duodécima edición del rally Paris-Dakar, Cokterl Vision (en España con distribución de System 4) lanzó al mercado este Paris Dakar 1990, con un lanzamiento llevado a cabo por su propia distribuidora, Tommahawk (en España a través de System 4) y con versiones para PC, Commodore Amiga y Atari ST. No era la primera incursión de Coktel Vision en el rally africano, ya que dos años antes habían lanzado African Raiders-01 para las mismas plataformas con un resultado discreto. En esta nueva ocasión se contó con la licencia oficial del Rally en busca de mejores ventas (Tomahawk llegó incluso a esponsorizar a algún participante) y se quiso acompañar con una mejora sustancial de la parte jugable.

Paris Dakar 1990 nos permite participar en el rally en tres categorías distintas de coches: T1, T2 y T3, definiendo tres potencias de vehículos distintas que, además, definirá los tres niveles de dificultad. El juego nos presenta carreras con una perspectiva desde dentro del coche y el rally queda representado por seis etapas que nos llevan desde Trípoli a Dakar, de las cuales dos serán de categoría especial.

En las etapas normales, el orden de salida se hace según clasificación e los nueve participantes, de tal manera que cada coche sale con el retraso correspondiente en la clasificación que tiene con el siguiente. En todo momento podemos ver la posición de cada uno de los corredores en el mapa que se encuentra El camino a seguir está delimitado por una hilera de piedras que hay que seguir, ya que si nos salimos del camino estipulado sobrepasando un límite de tiempo, seremos penalizados con tiempo. Además, fuera de los límites de la pista nos podemos encontrar obstáculos que pueden dañar el coche que también nos suponen penalización por tiempo.

En las etapas especiales tenemos una lucha contrarreloj en la que no vamos a tener referencia ni de pista delimitada ni del resto de corredores ya que salimos solos. Nos encontramos totalmente en medio de la naturaleza sin ninguna referencia del camino a seguir y con la única ayuda de la brújula electrónica para llegar al punto de meta antes de que el contador de tiempo llegue a cero. Dicha brújula representa la orientación con números que nos indican los puntos cardinales con grados, de tal manera que 0 indica que vamos al sur, 90 al oeste, 180 al norte y 270 al este.

En lo que se refiere a la jugabilidad, Paris Dakar 1990 busca la sensación de soledad y pérdida del mítico rally. Nuestro vehículo es extremadamente sensible en las curvas y si se realizan con exceso de velocidad van a desembocar en un derrapaje que nos haga perder la orientación y que, probablemente, nos lleve fuera de la pista, por lo que el uso de la brújula y nuestra propia orientación son esenciales no solo para ganar la competición, sino para simplemente acabar la carrera. El control, aunque mejorable, supone una experiencia jugable mucho más satisfactoria que en African Raiders-01.

Desde el punto de vista gráfico nos encontramos con un estilo continuista a African Raiders-01 pero que mejora mucho con el cambio de perspectiva. Los elementos de la pista pecan de escasos y repetitivos, pero suficientes para dar la sensación de soledad en el desierto. El punto a destacar son las escenas cinemáticas animadas después de cada etapa que tienen un acabado artístico muy bueno.

Por último, cabe hacer mención especial al apartado sonoro, ya que Coktel Vision había desarrollado el Intersound MDO, un aparato que se conectaba al puerto de la impresora y que mejoraba el audio. Dicho dispositivo mejoraba las melodías, el ruido del motor e incluía ciertas voces digitalizadas en ciertos puntos del juego, lo que suponía una mejora importante del audio respecto a no usar dicho hardware, lo que nos daba un apartado sonoro mucho más limitado.

Como hemos indicado, este título supuso una mejora sustancial respecto a African Raiders-01 pero no fue suficiente para convencer a crítica y público. El concepto de supervivencia no terminó de convencer y la tosquedad de su control tampoco ayudó. Coktel Vision pasó a centrarse en el desarrollo de aventuras como Fascination, Inca o Lost in Time, y la licencia del Dakar quedó huérfana hasta que en 1997 el testigo fue recogido por Virgin Interactive.

En este vídeo podéis ver cómo es el juego:

Special Delivery: Santa’s Christmas Chaos (1984) 

Tras apenas unos cuantos artículos nos vuelve a sorprender de nuevo la Navidad y como suele ser habitual, traemos al blog un título con dicha temática. En esta ocasión, nos vamos a los albores del videojuego doméstico con un título bastante desconocido, Special Delivery: Santa’s Christmas Chaos. Este videojuego fue desarrollado por Dalali Software, que apenas llevaba un par de títulos en su haber, y publicado en 1984 por Creative Sparks, también una empresa recien aparecida en el mundillo, para Atari 8-Bit, Commodore 64 y ZX Spectrum.

El título del juego ya nos va indicando de qué va el tema: llega Navidad y el estrés de Santa Claus se va por las nubes con su cometido de repartir regalos a todos los niños y niñas del mundo.

Special Delivery: Santa’s Christmas Chaos nos presenta un videojuego de loops separado en tres subniveles. En el primero de ellos tendremos que ir recogiendo los distintos paquetes con los regalos. Lejos de sacarlos directamente de un almacén, Santa tendrá que ponerse a las riendas de su trineo y recogerlos sobrevolando unas montañas, ya que los regalos no se los dan los elfos, sinos unos ángeles que se encuentra volando y que los dejan caer. Esto nos presenta una perspectiva lateral con un desplazamiento de scroll horizontal. Tenemos un objetivo numérico de paquetes a recoger, pero tenemos que tener en cuenta el color del ángel que lo lanza, puesto que si es de color rojo nos restará uno de los regalos que ya llevamos en la bolsa. De igual manera, perdemos un regalo si nos chocamos con una de las nubes.

Una vez que llegamos al vecindario, posamos el trineo en uno de los tejamos y pasamos a descender por una chimenea en lo que es el segundo nivel. Las chimeneas son un tanto raras, porque en su interior tienen tres escaleras en paralelo. El objetivo de Santa será llegar al fondo de la chimenea, cambiando de escalera para evitar los humos incandescentes que van ascendiendo por el la chimenea. Si fallamos en una casa, tendremos que ir a la siguiente, pero nuestro indicador de horas para realizar la tarea empezará a bajar. En el caso de llegar al fondo de la chimenea pasamos al último subnivel.

El tercer subnivel nos lleva al interior de la casa con todo un compendio de habitaciones que recuerdan más a un hotel de tres pisos. Con un sistema de escaleras y puertas tenemos que ir en busca de dos localizaciones que varían de forma aleatoria. Por un lado, la habitación donde está el árbol de Navidad para dejar los regalos y, por otro, el cuarto donde se encuentre la llave que nos permitirá salir por la puerta principal, ya que no volveremos a ascender por la chimenea.

A pesar de los simple de la propuesta, lo cierto es que a nivel gráfico nos encontramos con un videojuego solvente. Los sprites se encuentran bien adaptados a la potencia de cada una de las máquinas para las que fue lanzado y están lo suficientemente trabajados para saber qué es cada elemento. Otro tema es el apartado sonoro que quitando el Jingle Bells de la pantalla de introducción se limita a unos cuantos efectos.

Lo cierto es que para la calidad media que suelen tener los videojuegos navideños de la época, al menos Special Delivery: Santa’s Christmas Chaos es un videojuego bastante entretenido e incluso podría ser la base para algún juego promocional actual con gráficos actualizados.

En este vídeo podéis ver cómo es el juego:

Mot (1989)

Pequeño País fue una revista infantil/juvenil que venía como suplemento de fin de semana de el diario El País. Dicho suplemento fue una puerta de entrada al mundo del cómic para la chavalería de finales de los 80 y principios de los 90, ya que incluía una gran variedad de personajes de importantes autores, así como todo tipo de reportajes e información sobre música, cine, videojuegos, etc… De entre los muchos títulos que nacieron en esa revista, Mot fue uno de los más destacados. Con dibujo de Alfonso Azpiri y con guión de Nacho Moreno (autor de los guiones de Goomer y otras colaboraciones como Ricardo & Nacho), Mot empezó a publicarse en 1988 con tal éxito que terminaron por lanzarse hasta seis albumes: Mot, Mot y el coleccionista, Mot y el castillo maldito, Mot: New York, Mot: ¿nunca jamás? y El aprendiz de brujo. La popularidad que estaba obteniendo el cómic entre el público joven y la estrecha colaboración entre Azpiri y diversas compañías de videojuegos con la creación de portadas, hizo que Opera Soft lanzase un videojuego basado en el personaje que se publicó en 1989.

Tras un primer nivel demo en el que vemos como es la vida de Leo y Mot, la aventura que nos propone el videojuego se inicia cuando tenemos a Mot en la casa de Leo tremendamente hambriento y destrozándolo todo en busca de comida. El objetivo será sacarlo de la casa como sea sin que se enteren los padres de Leo. Para ello controlamos a Mot y debemos llevarlo a una puerta espacio-temporal que se encuentra en algún lugar de la casa. El principal problema que tenemos es el hambre feroz de Mot, que provoca que de repente salga corriendo a por comida destrozando todo a su paso. Así tendremos que controlar el nivel de destrucción de la casa, que no se cruce con los padres de Leo y el nivel de paciencia de Leo.

El tercer nivel comienza tras cruzar la puerta espacio-temporal. Leo ha sido secuestrado y Mot debe ir en su rescate. Nos encontramos con una fase más arcade donde a lo largo de 13 subniveles tendremos que dar buena cuenta de todo tipo de enemigo (samurais, gusanos, etc…) que salga a nuestro paso. En el nivel definitivo nos encontraremos en las estancias donde se encuentra Iripza, un computador totalmente descontrolado al que le falta una pieza y debemos reparar. Mot tendrá que ir acabando con los distintos robots que le va mandando Iripza y Leo le debe ir proporcionando bolas-robot que abrirán las compuertas hasta llegar a donde está Iripza.

La programación fue llevada a cabo por José Antonio Morales Ortega y Ángel Zarazaga Escribano, mientras que los gráficos fueron desarrollados por Carlos A. Díaz de Castro y «Gonzo» Suárez. En dicho apartado gráfico se nota, en especial en los primeros niveles, la estrecha colaboración del propio Alfonso Azpiri, de tal manera que los personajes son todo lo fieles que permiten los 8 bits. El proyecto se lanzó tanto para ZX Spectrum, MSX, Commodore 64, Atari ST, PC, Commodore Amiga y Amstrad CPC, destacando la versión ésta última por ser la más equilibrada entre la capacidad de la máquina y el resultado final. Mot fue el gran proyecto de Opera Soft de 1989 y el público le dio una buena respuesta, en buena medida por ser uno de los cómics más populares y aclamados de la época en España.

En este vídeo podéis ver cómo es el juego:

Pleiads (1981)

Tras Space Invaders, Galaxian y Phoenix, la cantidad de clones y variaciones de videojuegos de naves contra invasiones extraterrestres se convirtió en verdaderamente inabarcable. Destacar entre tal cantidad de videojuegos eran realmente difícil. Algunas compañías hacían prácticamente clones 1:1 con la esperanza de que el poco avezado jugador no encontrara la diferencia, otras intentaban añadir nuevas mecánicas o modificar las existentes; y otras intentaban dar algo más de profundidad al escaso argumento que podía tener un arcade de principio de los 80. El caso de Pleiads es un poco de mezcla de los dos últimos casos.

El título, que se inspira en las pléyades de la mitología griega, fue desarrollado por Tekhan y lanzado en 1981 en Japón. Posteriormente, diversos distribuidores llevaron el juego por todo el planeta, siendo la propia Tekhan la distribuidora principal en Europa (en España fue Irecsa) y Centuri en Norteamérica.

Nos encontramos con el clásico shoot’em up de loops en el que la nave tan solo puede moverse en el eje horizontal y debe ir acabando con las olas de enemigos que van apareciendo en la parte superior de la pantalla. Cada uno de los loops cuenta con cuatro fases separadas por un pequeño scroll vertical para indicarnos el cambio de nivel.

En el primero, tenemos un sistem de juego similar a Phoenix donde diversos enemigos en la oscuridad van descendiendo con una trayectoria semialeatoria y disparando al mismo tiempo. La novedad sobre juegos anteriores se encuentra en que cuando llegan a la parte inferior, si no los hemos abatido antes, se transforman en una especia de pulpos que van fabricando un muro delante de nuestra nave, sin dejar por ello de disparar. Esto nos obligará a destruir dicho muro antes de seguir disparando al resto de enemigos.

En la segunda fase, descienden un tipo nuevo de naves que por su forma (según se acercan van dejando ver unas alas) son la referencia explícita a las pléyades de la mitología griega. Dichas naves estan formadas por el cuerpo y las alas, de tal manera que el objetivo es disparar a la parte del cuerpo, ya que si disparamos a la alas, simplemente eliminamos dicha ala y reducimos el tamaño pero no habremos acabado con la nave.

Pasado este nivel, nos enfrentamos con la nave nodriza de cuyo interior aparecen una serie de enemigos con una forma parecida a unos champiñones y que de nuevo tienen la capacidad de disparar. Aunque pareciese lo contrario, el objetivo no es acabar con la nave nodriza, que es indestructible, sino, de nuevo, acabar con todos los enemigos de la ola correspondiente.

Por último, quedará la fase de vuelta a la base terrestre, donde tendremos una visión de la pista de aterrizaje y una marca donde debemos colocar nuestra nave. Para ello, tendremos que esquivar el resto de naves que se encuentran en dicha pista y el control del juego cambia radicalmente, ya que nuestra nave tendrá una inercia mucho mayor que en niveles anteriores y, por tanto, será más difícil de manejar. En esta parte se podrá conseguir puntuación extra al recoger banderines que se encuentran repartidos en la pista de aterrizaje.

Pleiads es un buen ejemplo de clon de Space Invaders que intentaba dar un paso más y resulta un videojuego razonablemente divertido. El juego fue rescatado bien entrado los 2000 por Tecmo (la heredera de Tekhan) para su aparición en diversos recopilatorias para consolas más modernas.

En este vídeo podéis ver cómo es el juego:

Superman (1979)

Portada del juego

Como ya comentamos en el artículo sobre el videojuego arcade de Superman, el «Hombre de Acero» es probablemente el superhéroe por antonomasia de la historia del cómic y un icono por sí mismo de todo el medio pero que, por lo que sea, no ha terminado de cuajar en el mundo del videojuego. Las características propias del superhéroe que dificulta las mecánicas del videojuego, así como títulos especialmente fallidos como Superman 64, han hecho que el ocio electrónico se haya decantado por otros héroes como Batman o Spider-Man.

No obstante, estamos hablando de los inicios del videojuego y entonces parecía bastante lógico traer a Superman, ya que el estreno de la película protagonizada por Christopher Reeve y Marlon Brando estaba muy reciente, y desde Atari tenían bien claro que era un título estupendo para vender para su Atari 2600.

Los píxeles eran demasiado gordos como para hacer las gafas, así que sombrero.

Aún así, el argumento del videojuego no estaba directamente relacionado con la película y lo que hace es tirar de una serie de clichés sobre el personaje que pudiesen adaptarse a las capacidades de la Atari 2600. De esta manera, tenemos que realizar una serie de tareas: arreglar un puente que ha sido destruido, atrapar a Lex Luthor y sus secuaces, y finalmente, ir a una cabina de teléfonos para convertirnos en Clark Kente e ir al Daily Planet a informar.

De los múltiples poderes que posee Superman, en el videojuego quedan plasmados tres: fuerza, vuelo y rayos X. Nuestros poderes estarán en su máximo esplendor a menos que entremos en contacto con la kriptonita que nos dejan los enemigos. Si estamos bajo sus efectos, Superman no podrá volar y se moverá torpemente, a no ser que nos encontremos con Lois Lane y recibamos un beso que nos devuelva las fuerzas. El asunto es fácil, para llegar al Daily Planet hay que cruzar por el puente de marras, así que tendremos que buscar las piezas y reconstruir el puente. Además, tendremos que ir llevando a nuestros enemigos a la prisión que se encuentra en algún lugar de Metropolis.

Parece Spiderman con capa

Técnicamente hay que tener en cuenta que estamos hablando del año 79 por lo que no se podía pedir mucho más a la Atari 2600. Aún así tiene algunos elementos destacables, por un lado, es el primer videojuego de la videoconsola en incorporar la función de pausa al pulsar el botón select. Gráficamente destaca el amplio mapa con el que contaba el juego para lo habitual de la época, mientras que el sonido llegaba a ser realmente molesto. Como curiosidad hablaremos de un bizarro modo de dos jugadores, en el que uno de los participantes controlará los movimientos verticales y otro los horizontales, quedando claro que aún quedaba mucho por pulir sobre este modo de juego.

En este vídeo podéis ver cómo es el juego: